El anglicismo “fake news” es el más usado en la actualidad para referirse al fenómeno de las noticias falsas. Sin embargo, en el idioma español existe un término que lo sintetiza a la perfección y es “paparrucha”. La Real Academia Española (RAE) lo define como “1. f. coloq. Noticia falsa y desatinada de un suceso, esparcida entre el vulgo.” (http://dle.rae.es/?id=RlvnOag) y ello es una demostración de que este fenómeno no es nuevo, aunque las redes sociales le han dado un alcance y una trascendencia que sí lo es.
Las noticias falsas existieron siempre en la historia de la comunicación: se difundieron de manera deliberada para no informar a la población sobre algo malo que pasaba, por falta de suficiente o adecuada información sobre un tema, porque ciertos medios y grupos de interés tenían su propia agenda y elegían mal informar o porque las autoridades decidían manipular a los ciudadanos, entre muchas otras razones.
Pero la envergadura que tienen hoy hace que sean un fenómeno cualitativamente diferente. De acuerdo con un relevamiento que hizo BuzzFeed, en las últimas semanas antes de las últimas elecciones en los Estados Unidos las noticias falsas tuvieron mayor nivel de interacción en Facebook (reposteos y comentarios) que las noticias verdaderas. Y por noticias falsas no nos referimos a pequeñas distorsiones o información engañosa o parcial, sino a títulos como “El Papa apoyó a Donald Trump en la campaña” o “Hillary Clinton le vendió armas a ISIS”. Cuestiones que son absolutamente falsas o sobre las que no hay ninguna evidencia.
El panorama mediático e informativo cambió. Con el nuevo modelo de redes sociales que supone un usuario productor y consumidor de contenidos, la legitimidad y el monopolio de la producción de noticias que en otros tiempos quedaban en manos de los medios tradicionales se debilitaron. La comunicación se horizontalizó y los medios, que solían controlar lo que pasaba y lo que entraba ono en la agenda informativa, ya no tienen este poder de forma exclusiva.
Además, la difusión está facilitada por factores relacionados con las redes sociales: tanto su uso por parte de los usuarios (las motivaciones para compartir o no un contenido son varias, y se están estudiando), como por el algoritmo que estas plataformas utilizan para ponderar y priorizar contenido “relevante” para cada usuario, que generan las llamadas “burbujas de filtro” (en las que la información que es mostrada a los usuarios está condicionada por la afinidad calculada por la plataforma, por lo que generalmente sólo los mensajes que pueden ser de su interés son los que le llegan).
Hoy en día, generar contenido falso que resulte verosímil es fácil y redituable, tanto para quienes buscan generar ingresos (como el ejemplo de los chicos de Macedonia que ganaron miles de dólares gracias a servicios de anuncios patrocinados de Google AdSense o Taboola, entre otros), como para los que tienen un objetivo político manifiesto (el caso de Infowars, también en Estados Unidos). También están aquellos que difunden información falsa de manera equivocada, como el conocido caso del tweet mostrando los “colectivos de militantes anti-Trump” que tuvo miles de retweets cuando no era cierto.
Si fuera solamente relevante el origen de este contenido para medir su peligrosidad, seguramente el generado por aquellos con intereses políticos sería el más riesgoso. Sin embargo, los tres pueden generar semejantes niveles de desinformación, paranoia y consecuencias negativas en las percepciones de los ciudadanos.
El futuro no parece ser muy promisorio en este sentido. Herramientas como la generada por la Universidad de Washington para sincronizar audios con video nos permiten predecir que los formatos en los que la información pueda ser manipulada no harán más que multiplicarse, lo que obligará a los periodistas y chequeadores a generar nuevas herramientas para hacerles frente y verificar la información.
¿Pero qué son y qué no son las “noticias falsas”?
Es un fenómeno difícil de definir, porque responde a una nueva configuración de los formatos de información. Claire Wardle, de First Draft, la coalición formada por diferentes medios y centros de investigación para elaborar estrategias para ponerle un freno a la desinformación, elaboró una taxonomía que permite identificar y distinguir los diferentes aspectos de cada contenido. En resumen, First Draft invita a analizar el fenómeno de las noticias falsas en una escala flexible que incorpora tipologías bastante esquemáticas y que se mueve de izquierda a derecha según la intencionalidad de engañar. Desde el contenido satírico hasta el manipulado y el especialmente fabricado, mucho de lo que hoy se conocen como “noticias falsas” de manera genérica puede desgranarse en estos siete tipos de formatos.
Fuente: First Draft, “Noticias falsas. Es complicado” (https://es.firstdraftnews.com/2017/03/14/noticias-falsas-es-complicado/)
En las redes sociales (y en internet en general) se conjugan varios comportamientos relacionados con el modo de buscar, acceder y asimilar información. En primer lugar, las redes sociales buscan que el contenido que el usuario consuma sea relevante para él, creando una cámara de eco en lo que el contenido que recibe suele reforzar sus creencias previas. En este contexto, los contenidos que uno recibe son muchos y fácilmente asimilables unos a otros, especialmente en contextos de polarización ideológica.
Gran parte de este contenido falso está relativamente bien producido y hacen realmente difícil discernir contenido falso del verdadero. Son portales con un diseño razonable, las notas tienen una estructura semejante a la de los medios tradicionales e incluso mencionan fuentes (aunque no las citen, ya que son inexistentes). Entonces, la noticia se valida por la forma y no por el contenido, lo que la “exime” a los ojos del lector desprevenido de cualquier control extra.
¿Qué se puede hacer?
Es responsabilidad de los medios y de los periodistas chequear la información antes de republicarla, y en la medida de lo posible, intentar verificar lo que otros publicaron y lo que usuarios compartieron (como hacemos en Chequeado con la sección #FalsoEnLasRedes).
Como usuarios, está en manos de todos la responsabilidad de analizar la información antes de compartirla, y pasarla por los filtros correspondientes (leerla, analizar fechas, autores, y “Googlearlo”).
A su vez, queda también en manos de los usuarios verificar la información que les llega de otros usuarios, y muchas veces las herramientas para hacerlo son escasas o su interés en hacerlo es mínimo. Si bien gran parte de los contenidos falsos no resisten una búsqueda en Google, el iniciarla requiere de una lectura crítica y alerta, que es difícil de generar en un contexto de información abundante e hiperconectividad. Por otro lado, los motivos al momento de compartir contenido tienen mucha más relación con dar marco a una creencia o posición ideológica previa (según muestran las investigaciones sobre el funcionamiento del cerebro humano y lo que se llama “sesgo de confirmación”), lo que torna irrelevante para el usuario que quiere validar su propia opinión el chequeo previo.
Sin embargo, por mucho que estemos atentos al fenómeno, es cierto que la información falsa tiene muchas más posibilidades de ser viralizada y alcanzar a más personas y que éstas lo crean que la información fidedigna. ¿Por qué? Porque las “noticias falsas” suelen incluir contenidos que llaman especialmente nuestra atención por lo extraordinario.
Es importante, entonces, analizar ciertos aspectos de un sitio antes de confiar en la veracidad de la información que presenta y/o compartir su contenido. Por eso, hemos consolidado a partir de una recopilación de varias fuentes una guía con consejos para no caer en la trampa de las noticias falsas y poder fortalecer un periodismo más atento y pendiente de estos contenidos perniciosos.
1. Desconfiá de los títulos grandes y EN MAYÚSCULAS: Este tipo de titulares están diseñados para apelar a la emotividad y generar interés (ergo, clicks) en redes sociales, ya que resaltan más en los feeds y actualizaciones de las redes.
2. Analizá la sección “Acerca de” o “About” del sitio: en los medios más confiables, esta parte de la página incluye datos importantes acerca del equipo, financiamiento, dirección, contacto u otras características fácilmente verificables. En aquellos creados específicamente para distribuir contenido engañoso, esta área o no existe o suele contener información desactualizada.
3. Chequear los links y las citas: si los vínculos que están indicados en el contenido como fuente no funcionan o redirigen a páginas que no están relacionadas con lo referido, el artículo es sospechoso y no debería compartirse. Otra recomendación es buscar las citas mencionadas en Google u otro buscador, para verificar que efectivamente hayan sido declaraciones de las personas a quien se les atribuyen.
4. Desconfiar de URLs compuestas: muchos sitios de noticias falsas se aprovechan de vínculos ligeramente diferentes de los de otros portales conocidos, para confundir al lector.
5 Realizar una búsqueda inversa de imágenes: en muchas ocasiones, el contenido engañoso hace uso de fotos fuera de contexto o que no se corresponden con las originales. Con sólo buscar esas imágenes en Google, se puede fácilmente desestimar una información que es presentada como cierta.
Algunas estrategias contra las Fake News
Lo que hacemos en Chequeado: #FalsoEnLasRedes
En 2014, en Chequeado nos dimos cuenta que no era suficiente con verificar las declaraciones de políticos, empresarios, sindicalistas, periodistas o líderes de opinión. Información falsa creada por diferentes actores desconocidos se volvía viral y en nuestra búsqueda de mejorar el debate público, no podíamos permanecer indiferentes. Así, creamos una sección especial que está dedicada exclusivamente a desmentir contenido falso que circula: desde fotos manipuladas hasta información difundida de modo parcial que necesita ser contextualizada. Seleccionamos diferentes publicaciones de redes o notas generalmente sin fuentes, tanto con críticas a oficialistas como a opositores, y fieles al método de Chequeado, las contrastamos con los hechos y los datos para acercar información fidedigna a la comunidad.
En el medio, debimos renombrar la sección (antes se llamaba #SeDiceEnLasRedes) y redefinir nuestra manera de presentar la información, para evitar reforzar o avalar el mensaje falso que buscábamos desterrar. Sobre este punto, es útil el listado de consejos que escribió para periodistas Alexios Mantzarlis, director de la International Fact Checking Network (IFCN).
Por otro lado, conscientes de que no todo el contenido falso pasa por Facebook y Twitter, abrimos un nuevo canal de WhatsApp para recibir consultas de la comunidad e historias que se viralizan por esta plataforma. Cada vez que desmentimos una información de este tipo, inspirados en la iniciativa de La Silla Vacía de Colombia, compartimos nuestras averiguaciones con los usuarios que las demandaron en primer lugar, para que a su vez ellos las difundan en las redes y puedan poner en circulación información verificada.
Otras iniciativas en el mundo
Son varias las propuestas que están surgiendo en diferentes países para responder a la problemática. A nivel global, Buzzfeed News es uno de los medios que más está haciendo para luchar contra las noticias falsas. Craig Silverman, editor de medios del sitio en Canadá, elaboró varias herramientas para evitar caer en las noticias engañosas. Su llamado al escepticismo emocional, entre otras recomendaciones, invita a los usuarios a reconsiderar su interés en cada contenido y a entender la complejidad de las motivaciones que llevan a compartirlos. Este enfoque y sus consejos pueden verse en su charla en ISOJ 2017, disponible (en inglés).Maldito Bulo es un proyecto español que se plantea en el mismo estilo discursivo que las fake news: trabaja desde las redes y apela a videos, memes y formatos similares, fácilmente viralizables, para desmentir contenido engañoso de una manera eficaz.
Además, para las últimas elecciones presidenciales en Francia, se creó CrossCheck, una plataforma en la que diferentes medios chequearon de forma colaborativa y ágil las noticias falsas que iban surgiendo en el periodo de campaña.

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